La exposición digital de niños y adolescentes reabre el debate sobre sus efectos en la salud y las relaciones sociales
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La relación de niños y adolescentes con las pantallas ha cambiado profundamente en los últimos años. El teléfono móvil, las redes sociales, los videojuegos, las plataformas educativas y los servicios de mensajería forman parte de un entorno en el que las nuevas generaciones aprenden, se comunican, se entretienen y construyen relaciones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha vuelto a poner el foco sobre esta transformación. En un comentario publicado el 1 de julio de 2026, el organismo señala que los entornos digitales influyen cada vez más en la salud y el desarrollo de niños y jóvenes y advierte de que, junto a sus beneficios, determinadas formas de utilización pueden generar riesgos para su bienestar. La OMS menciona entre estos entornos las redes sociales, los videojuegos en línea y las nuevas herramientas basadas en inteligencia artificial.
La cuestión, por tanto, no se limita a cuántas horas pasa un menor delante de una pantalla. También importa qué hace durante ese tiempo, qué contenidos encuentra, con quién se relaciona y qué experiencias tiene en el entorno digital. Un entorno con beneficios, pero también con nuevos riesgos La propia OMS evita plantear la tecnología como un fenómeno exclusivamente negativo. Las herramientas digitales pueden ampliar las posibilidades de aprendizaje, comunicación y acceso a determinados servicios, especialmente para niños que viven en lugares donde las oportunidades presenciales son más limitadas. El reto está en conseguir que esos beneficios vayan acompañados de entornos adecuados para la protección y el desarrollo de los menores. UNICEF ha situado también la seguridad digital de la infancia entre las cuestiones que requieren atención. Su informe Through Children’s Eyes , publicado en septiembre de 2026, estudia la…
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