Debemos armonizar en medio de la diversidad – Prensa Libre


Llegará más temprano que tarde la posibilidad de hacer el recuento de los daños colaterales que ha dejado este meteorito viral que le ha caído encima al planeta. También llegará el tiempo de realizar distintos análisis económicos, filosóficos, políticos, sociológicos y antropológicos de lo actuado por los gobiernos y los grupos de poder en cada uno de nuestros países durante la crisis, que ya traen su particular impronta histórica. Sin duda, tendremos mucho que traer a la mesa y aprender unos de otros. Pero por ahora, lo que toca es comenzar a aprender a estar juntos, eso que han sabido hacer siempre mejor los animales.

“Parece que solo somos capaces de vivir juntos cuando se nos obliga a ser disciplinados. Y esto está siendo solo un ensayo general. Pasaremos los próximos 50 años así. El planeta se está acabando”, dice Alessandro Baricco, autor de Seda, Game y otros libros de indispensable lectura. Sí, esta situación surreal alrededor del Covid-19, parece ser apenas el ensayo general antes del estreno de la gran obra que aún no hemos interpretado. Todo el andamiaje sobre el cual se levantan las sociedades actuales está siendo tensado y puesto a prueba. Los terapeutas tienen los días llenos de consultas virtuales y las violencias en situaciones de encierro aumentan en las casas donde no hay dinero para las terapias. La ansiedad y el miedo nos ponen frente al espejo y estamos atestiguando todo esto en primera fila. Es pavoroso e hipnótico al mismo tiempo.

Pero ¿a qué normalidad pretendemos volver? ¿A la normalidad de sociedades extremadamente desiguales, como la nuestra, en las cual transitamos de los híper narcisismos a la desnutrición crónica? Es un hecho que en este largo ensayo que apenas inicia, partiremos de una crisis económica de enormes dimensiones que cambiará, junto a la tecnología, el paradigma que define el mundo actual. Es un hecho que, aunque el Covid-19 se llevará por igual a cualquier ser humano, sin importar su condición socioeconómica, los efectos golpearán más a la clase media y pobre, que a los dueños de los grandes capitales. Afectarán más a los pequeños y medianos empresarios, que a los más grandes. Más a las mujeres que a los hombres, porque ellas son las que hacen milagros para que todos coman y las que reciben más violencia cuando todo falta; más a los grupos vulnerables de cada cultura, más a los que siguen sentándose en el último vagón civilizatorio. Nadie, salvando diferencias, saldrá indemne de esto, y el paradigma será otro.

Esta pandemia no es igual a la gripe española que duró de 1918 a 1920, porque la tecnología y la ciencia cambian las cosas en muchos sentidos, y porque entonces murieron muchos jóvenes, adultos saludables y animales, que no es el caso de la pandemia actual. Sin embargo los miedos, la ansiedad y la angustia persisten de siglo en siglo. En el siglo XXI tenemos más información, y por lo tanto, sabemos que la fórmula es: encerrados juntos, saldremos juntos. Es la parte más difícil. No solo porque quisiéramos tener la certeza de que, mientras dura el encierro, la democracia funciona y nadie se aprovecha de la crisis, sino porque somos seres gregarios. O éramos, antes de que la tecnología nos aislara tanto a unos de otros. El encierro nos está obligando a reinventarnos, pero esa prueba demandará mucho esfuerzo, mucha salud mental, mucha voluntad, mucha conciencia y mucha solidaridad. Solidaridad y tiempo, dos factores que por voluntad o a la fuerza tendremos que hacer nuestros, porque el mundo como iba ya no daba para más.

Han salido los jabalíes y sus crías a las calles vacías de España; los pingüinos del zoológico de Chicago caminan solos por el lugar; los canales de Venecia dejan ver bancos de peces en sus aguas limpias, sobre las que nadan cisnes y gansos; hay patos en las fuentes y aves volando en cielos más limpios. Ninguna, por cierto, se ha muerto debido a las bombas que se lanzan en las celebraciones de las iglesias. Ojalá la vida se diera vuelta por más tiempo, para que entendiéramos, desde la consciencia y la inteligencia, que el mundo es de todos. Que el modelo actual, cifrado en el poder, está destruyéndolo todo, y que, para sobrevivir, hemos de aprender primero a vivir juntos.