La búsqueda de respuestas | La Firma


La continua búsqueda de respuestas es el gran desafío del ser humano, pero se nos da fatal. Bueno, no es del todo cierto, parafraseando y generalizando a Neil Gaiman: “No se nos dan mal. Ofrecemos respuestas constantemente, pero suelen ser poco fiables, personales, anecdóticas y profundamente imaginativas. Por lo que aplicadas a la vida real pueden generar más de un inconveniente”. Ahora bien, a todos se nos da bien hacer preguntas y en algunas profesiones, como por ejemplo en el caso de las científico-técnicas, las cualidades indicadas ofrecen todo ventajas y se nos da fenomenal formular preguntas sólidas.

El procedimiento que cada persona sigue en el tortuoso camino de intentar generar respuestas a preguntas razonablemente bien planteadas me imagino que es muy personal. En mi caso suelo leer de manera no ordenada, y en algún momento paro y escribo para intentar darme cuenta de lo que pienso. La razón es que la palabra tiene poder, y si está escrita permite reflexionar, volver hacia atrás y corregir. Por otra parte, está claro que, dada la naturaleza humana, en diferentes momentos de nuestra vida nos sentimos quizá abrazados por algún tipo de pensamiento dogmático y por lo tanto en posesión de la verdad. Eso es algo que siempre está latente manifestándose con más o menos intensidad. ¿Cuáles son mis precauciones? Pensar que el que siente mucho apego a un rebaño es que tiene algo de borrego, intentar mantener el espíritu crítico basado en la razón y no justificar mis intereses por emociones sesgadas. Como ven, todo muy lógico, pero no se olviden de que soy un ser humano.

En estos momentos reconozco que, mientras escribo este texto y lo leo, y también durante muchos momentos de los últimos años, debido a mi profesión, he estado intentado averiguar qué puede hacer nuestra sociedad para recuperar a la generación desencantada y migrante de los noventa a la que la crisis dejó colgada. La pregunta está bien hecha y no soy el único que se la está planteando, a modo de ejemplo les recomiendo el artículo: ‘El triunfo de la mentira’ de la escritora Elvira Lindo, que disecciona el problema con las cualidades de un forense. Al parecer la respuesta la conocemos todos, consiste en proporcionar trabajo suficiente para asegurar las condiciones económicas que permitan vivir con tranquilidad, es decir, que proporcione el bienestar adecuado de toda la vida. Pero teniendo en cuenta lo que vemos cada día, la magnitud y la dificultad para alcanzar la solución deben requerir un ímprobo esfuerzo. Por lo visto, no vale con ser conscientes del problema, ni darnos cuenta de que es un problema de conciencia social, ni que esos líderes, tanto económicos como políticos, ávidos de poder o de dinero, prioricen los problemas relacionados con esta situación. Por el momento nuestras respuestas son más bien del tipo fracaso aceptado, lo que falla es la voluntad firme de implicarse en la búsqueda de la respuesta adecuada.

Les he contado todo esto con la esperanza de que la acción de escribir y de hablar acerca de ello me ayudara a entender mejor este problema que está sin resolver. He dicho cosas, pero es evidente que no he respondido a la pregunta. No lo he hecho, la verdad. Pero ya se sabe que la mayoría de las veces solo sabemos preguntar. ¿No hay certidumbre? Esa generación y las que siguen no están esperando, tengan en cuenta, que el instinto de supervivencia del ‘Homo sapiens’ le ha permitido adaptarse en todo tipo de situaciones que al principio pudieran parecer insalvables y no lo han sido. Estoy convencido de que por ser jóvenes saldrán adelante, pero estoy más seguro de cómo será la opinión que tendrán de la sociedad que no se preocupó por su futuro.

Sería interesante que durante los tiempos venideros, les asalte de vez en cuando esta pregunta, les moleste como a mí, y de este modo entre todos encontremos una respuesta razonablemente satisfactoria. Y si eso llega a suceder, entonces habrá merecido la pena compartir estas líneas.

Francisco José Serón Arbeloa es catedrático de la Universidad de Zaragoza